
Sentenció Sartre que la emoción es una transformación del mundo. Rulo persigue en las once canciones que integran este disco que la percepción del mundo de quien las escucha se ensanche, y lo cierto es que muchas veces lo consigue. Es decir, que nos emociona. Y lo hace con la forma, fiera como la pólvora del Salvaje Oeste, y con el fondo, en donde es el vulnerable corazón quien gobierna.
La diferencia más notable entre el pop y el rock es que el primero se escribe con cursivas y el segundo con negritas. En 'El doble de tu mitad' el trazo grueso es el rasgo predominante en lo musical y exige la etiqueta de «rock». Sucede, sin embargo, que sus textos están escritos con pluma de cisne, lo que unido a la elegancia de la voz, inusual entre la fauna roquera, hacen de él un trabajo de espíritu mestizo en el que lo mismo sobreviene un ciclón que corre una estimulante brisa. ¿Es entonces Rulo rara avis? Como todo artista entero, por supuesto.
El guitarrista Carlos Raya es quien firma la producción, y bajo su batuta las canciones suenan limpias como agua de manantial. Junto a él, que se ha encargado a su vez de parte de las guitarras, los músicos que han contribuido a que la máquina rule son Coki Giménez (batería), Candy Caramelo (bajo), Alejandro Climent (teclados) y sus inseparables «contrabandistas» Dani Baraldés, alias Pati (guitarras), y Adolfo Garmendia, más conocido como Fito (coros). Todos ellos demuestran una capacidad única para coronar las piezas en bruto que el samurái jefe lleva al campo de batalla del estudio de grabación.
En cuanto al fondo, Rulo, a diferencia del común de los letristas, que siguen anclados en el desamor, ha sido lo suficientemente original y desprejuiciado como para clavar la mirada en el amor.
Dejando a un lado la canción de apertura, «Tu alambre», y ese sonoro hasta nunca que es «Vivir contigo era un blues», 'El doble de tu mitad' es, aun en sus versos más crudos, aquellos que inciden en los ineludibles tira y afloja que acontecen en toda relación de pareja, un canto al amor. El disco celebrante, purificador y luminoso de alguien que atraviesa un momento de dicha personal y profesional y no puede evitar contárnoslo cantándolo.
A Rulo, que llegó a «cagarse» en el amor y lleva el símbolo de la noche, una luna, marcado en la piel, ya no le llaman los bares (o él hace oídos sordos) y ahora casi siempre se le hace tarde. Eso no le impide tener bien presente que el cometido de todo artista merecedor de ese nombre es el de permanecer vigilante ante cualquier asomo de las musas, que suelen manifestarse, las muy putas, a traición.
De la misma manera que Sting despertó en mitad de la noche para apresar al piano «Every Breath You Take», que penetró en sus sueños como un regalo divino, no me cuesta nada imaginar a Rulo abandonando la cama en plena madrugada para echarle el lazo al esqueleto de la confesional y épica «Me quedo contigo» (a la memoria de Manolo Tena) o al sufriente propósito de enmienda que es «Noviembre». O anotando en salvadoras servilletas de bar versos sueltos de lo que luego sería «Me gusta», explícita declaración de amor con ropajes de AC/DC, o el bosquejo de «La reina del barrio», metáfora sobre el alzhéimer que le sirve de paso para homenajear a un Benedetti transido de nostalgia. O dándole vueltas y más vueltas ―triples saltos mortales― a un título capaz de encerrar palabras que encienden la sangre y que acabaría siendo un monumento a la brevedad: «M».
De Rulo poco más puede añadirse. Aquel que ofrece todo un concierto descalzo es alguien que morirá, seguro, con las botas puestas. Aquel que tiene en su altar mayor de deidades paganas a san Sabina y a san Robe de ningún modo puede errar en la elección de un adjetivo ni desconocer los mil sinónimos de «contigo» y «sin ti», orilla y altamar de nuestra especie. Aquel que no ha logrado sacar de sí a Venecia desde que la pisó por vez primera está condenado a crear belleza.
Belleza como la contenida en este 'El doble de tu mitad', en donde están, vivísimos, el rock de los perfectos contrarios y el rock del deseo que, al igual que aquel rayo al que cantaba el poeta, el del más furioso amor, nunca cesa.
Rock sólido y revitalizador. Rock para reír y cantar y no dejar de moverse, pero también para pensar y emocionarse. Para notarse, saberse, multiplicado o dividido, según la canción y el momento.
Puedes disfrutar de Rulo y la Contrabanda en:
4 NOVIEMBRE VALENCIA ROCK CITY
5 NOVIEMBRE BARCELONA BARTS
11 NOVIEMBRE BILBAO SANTANA 27
12 NOVIEMBRE PAMPLONA ZENTRAL
18 NOVIEMBRE GRANADA INDUSTRIAL COPERA
19 NOVIEMBRE SEVILLA SALA CUSTOM
2 DICIEMBRE BURGOS SALA HANGAR
3 DICIEMBRE VALLADOLID SALA LAVA
17 DICIEMBRE MADRID LA RIVIERA
PUNTOS DE VENTA:
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